martes, 23 de junio de 2009

-Has dormido profundamente, no me he perdido nada- sus ojos se centellearon-. Empezaste a hablar en sueños muy pronto.
Gemí.
-¿Qué oíste?
Sus ojos dorados se suavizaron.
-Dijiste que me querías.
-Eso ya lo sabías- le recordé, hundí la cabeza en su hombro.
-Da lo mismo, es agradable oírlo.
Oculté la cara contra su hombro.
-Te quiero- susurré.
-Ahora tú eres mi vida- se limitó a contestar.

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